15 jul. 2010

Mejorarte

No podré mejorarte,
podré apenas pagar ese taxi y recordarlo
aunque no sepa mejorarte. Seré en breve paso del tiempo
imagen difusa, un símbolo en ascuas,
sólo la imagen de quien no pudo mejorarte.

Vas fumando, vas cruzando las piernas,
Vas cerrando los ojos, vas formando el poema.

Abrochate el cinturón, no podré mejorarte, pero podrás entrar
en una posteridad de sombras,
en una solemnidad de papeles amarillentos
en un calidoscopio nocturno de tristezas y alegrías.
Poca cosa, dirás, entre mi casa y la tuya,
En el camino entre mi casa y la tuya
Sólo lo fugaz nos pertenece y lo que no pasó perdura,
Aquellas ganas de té con masas en Oriente,
aquella cama de amor sin amantes,
esa sensualidad de dama codiciada,
esa impotencia de no poder mejorarte.

Y dirás que no hay huellas si nadie camina,
Y yo diré que no hay huella del pez en el agua,
Y dirás que mi trabajo es miserable,
Y diré que en mi bolsillo llevo docenas de flores,
Y me dirás que soy un caballero,
Y diré que bajo mi amparo no podré mejorarte,
Al menos no esta noche que emigra la madrugada
hacia cuartos más dichosos que los nuestros,
que cientos de pájaros atraviesan volando tu hastío,
que el cielo se desluce en tu vetada entrada al infierno,
que deseás la mañana para dormir y estar a salvo de tus sueños.

Podré pagar el taxi, te lo dije, beberme las anécdotas no cosechadas,
Y podrás temblar como un árbol joven en un temporal,
Cuando bajes del coche y no haya podido mejorarte,
Cuando esperes esta tarde tu museo de hierbas,
el crecimiento demográfico de tu habitación,
el torrente de luz que mis manos no supieron darte,
Y podrás pensarme mejor de que lo soy,
Apenas un bolero desafinado, un espejo sin rostro,
Las raíces de tus pies sobre la tierra,
Las hojas caídas de tus ramas en otoño,
O el narrador de un poema en el que pude hacerte mejorar
Hacerte esperanza en mi mejor arte.