5 oct. 2011

A una mujer

a una mujer.
a una mujer que regresa sola a casa
a la casa donde vive sola donde riega las plantas
donde teje para la cena
sobras de tostadas y ensalada.
a una mujer que flota suspendida en edad
entre culpa de masturbación y
necesidad de orgasmos y maternidad

a una mujer a la que un hombre lastimó
desequilibrando el equilibrio
de putez y santidad de serenidad y pasión.
a una mujer independiente capaz triste
que repasa los hitos de su biografía
entre sesiones de terapia
entre mudanzas cada dos años
entre horóscopos y baldosas de nostalgia
y alegrías filtradas por los huecos de las ventanas.

a una mujer que le duelen las miserias ajenas
que arroja monedas en las fuentes
que tiene gato, pájaro y sol propio.
que llora hacia dentro del cuerpo
que hacia dentro del cuerpo de otro quiere perderse
perderse en un drama de piel y miserias cotidianas.
a una mujer
que muestra mágica la vincha en su pelo
la falda negra el sacón a cuadros
que sale a la vida enfundada de botas
y sed de encuentros
y regresa sola como hoy
o acompañada a veces
porque a veces no pierde quien no arriesga
y arriesga el té de manzanilla o tilo
a costa de invitar a dormir
al próximo hombre que la dejará.

a una mujer
que tiene la risa en el río
que su bosque tapa el árbol
que la soledad cubre su cielo
que desde la montaña observa
un paisaje de país maculado de lluvias.
a una mujer
que supo de porcelana en los pechos
y el grito de Munch a su espalda
frente al espejo anticipa hoy
el deslucimiento del lienzo.

a una mujer
de quien yo me enamoraría
y que se enamoraría de mí
a esa mujer
que a la segunda copa de vino
y al tercer sueño común
planearía su vida a mi lado
-aunque al cabo de un tiempo se decepcionaría-
y entonces para ahorrarnos en disgustos
jamás nos encontramos en ninguna guardia de hospital
llegando por fiebre en vacaciones de julio
o dejando el taxi que el otro abordará a la calle siguiente
una tarde lluviosa donde nadar
no será sólo hábito de peces.

a una mujer
que absorbe sus días hechos a medida
de la vida de la mariposa volando al sol.
a esa mujer
que cuando regrese sola a casa
en su casa donde vive sola y a veces es feliz
con un ramo de quietud
y promesa de mutuo paraíso
deberás tocarle el timbre y besarle la noche
hundirte en ella quitarle
las manchas de humedad de la mañana
esta tarde esta vida y las que vendrán.