19 feb. 2010

Soledades

Las voluntades colapsan, el cuerpo levita,
los nombres se confunden, el tiempo parece detenerse.
moral y leyes caducan, cánones y modelos se atomizan
se estrellan la ortografía y los relojes.
el perro ciego, la valija siempre expectante –naderías se dejan detrás
El Día bajo el brazo y cena de conserva, la almohada muerta de hastío.

Multitud, taxis y hartazgo se entretejen, destejen y se olvidan
y la madeja de frustraciones vuelve a enrollarse de ansias
en el preciso momento y lugar de luz cuando se encuentran
cuando los edificios parecen tener vida
cuando se adivina la pausa y las pulsiones alunizan
cuando se ve el mar amarillo y las nubes se abren en tiznes ocres
el sueño derrumbado se reconstruye de sus escombros
a una distancia inimaginable
en un tiempo imposible de asimilar
ella fuma rubios y él humedece sus labios- no se miran y se presienten
hombro contra hombro, frente a frente soledades
dejan de lado sus mezquindades
nadie los distrae nadie mutila sus nervios
nadie censura sus gestos nadie oxigena sus estertores.
acaban de encontrarse.

16 feb. 2010

Soledad, te nombro

Soledad, cosita, madre de la apatía, perdimos el equilibrio, caímos al piso
Nos lastimamos las rodillas y no hay alcohol en los bares para curarnos
Las heridas, Soledad, hermosura, pusiste las pasiones a nuestro alcance, con
Tu voz de soprano y tu cuerpo de ninfa hoy todos quieren acostarse con vos, pero
Vos estás y no estás, sos las esporas reproductivas de las plantas diurnas, y
Estás acá por las noches, tenés las llaves de las casas de putas más prestigiosas,
También en los tugurios más bajos estás, donde una botella vale lo que un alma,
Soledad, preciosa, sé que morís de cirrosis, pero también de virtuosismo
De ganas y de pereza, tu vida es contradicción, Soledad, repito, cosita, sos la mujer que de niña le preguntó a su madre por qué habiendo tanto espacio en la casa otros niños dormían en la calle, Soledad, y sos la usurera de tantos otoños a la vera de la estufa viendo a los muertos caminar, y sos la única que vio mis lágrimas regando el jardín, porque ni Concepción ni Dolores ni Esperanza me vieron caer, siempre observándome de pie sobre la cuerda, siempre y nunca firme en el papel primero cuando éramos pobres y no de espíritu y luego sobre el teclado de esta máquina que escribe Soledad, repito, cosita, como esos tipos que tienen todo y en un segundo lo pierden, Soledad, así te siento, porque soy ambigüedad, deseo y promesa, igual que vos, que tenés nombre de mujer y nombre de mujer que no está, y entonces en quién confiar, Soledad, repito, amor, con quién vas a soñar hoy, en quién vas a pensar cuando cierres los ojos y no digas en los angelitos, en cuál de todos tus amantes de cartón pintado y goma espuma te acurrucarás hoy, no digas –contigo-, no digas –con vos-, no digas nada, Soledad, solamente pensá en las vírgenes de cuarenta, en los panes sin hambre,
En los vasos tristes de tan vacíos, Soledad, y sabrás, repito, cosita, sabrás en quién,
Sabrás con quién, si no es conmigo, estará bien, habrá sido tu voluntad, Soledad, sólo
espero que tengas un abrigo, abrazos, comida caliente y cigarrillos, Soledad, repito, estará bien por hoy para mí esta noche y las que vendrán.

Poesía en la Cornisa

I
Así se vive. En la cornisa.
Una acrobacia en el tiempo del espacio-circo.

II
Huimos del panóptico de la poesía.
Visiones complejas para estos ojos abisales
Hundidos con los peces estuvieron.
Tendrás que torturarme, oh policía
de la decencia, para que respire en palabras.

III
Bucéfalo cabalga en la soga que une los abismos
Va y viene viene y va
Relincha fuego de los huesos
Relincha fuego en la oscuridad
La gente se agolpa esperando la caída
A cambio se les dará
Vísceras como ofrendas
Última amarra, a un paso del amor.


IV
Poesía de exilio, poesía de milicos
Poesía de miseria,
Poesía tuya y mía
Poesía de la cornisa, poesía de Bucéfalo
Un aleph, un panóptico, una sublevación de los sentidos.

V
Poesía citadina,
Poesía antagónica de la belleza y el horror.
De las grandes tragedias, del asombro
De los gemidos nocturnos, de los golpes diurnos.
P-O-E-S-Í-A
En tus manos y mi haber.
Poesía.

VI
Saquear lo sacrílego, escupir lo blasfemo
Caer más bajo de lo más bajo de lo bajo.
Abisal, abismo, cornisa
O cornisa primero, abismo, abisal más tarde.
Palabras que ya usé
Palabras que gasto
Palabras que adoro
Como ídolos desnudos, impúdicos, exhibicionistas.
Querer desinteresadamente.


VII
No queremos la parábola, sí la experiencia.
Tomémosla mediante las armas.
No queremos la copa, sí el vino.
Tomémoslo mediante las armas.
No queremos la ceremonia, sí la risa.
Tomémosla mediante las armas.

El diablo sabe más por viejo que por diablo pero sabe más por diablo.

VIII
el tiempo se acorta el espacio se ciñe
el universo se expande la entropía nos corroe
el sol se extingue el caos nos succiona
el ser humano se mata el agua se acaba
el morbo escribe pinta canta.


IX
Tal vez existiríamos en un mundo
Donde gobierne el equilibrio perpetuo
Siempre se expandan tus rodillas
Siempre se contraigan tus caderas
Siempre jóvenes y envejeciendo
Y como único medio de vida.
la sabiduría y el ánimo del asombro.

X
Y así vivimos. En la cornisa ¿de la vanguardia?
¿de las púas del alambre de la Bernauerstrasse?
¿entre orgasmos y abortos?, ¿entre átomos desgarrados?
Sí, entre acrobacias…